Friday, April 28, 2006

FUGA

Fue en la última estación de invierno, cuando el tren partió
Y me encontré escapando al destino, tras la quimera del arco iris
El pequeño mundo que amé cuando niña, se desvaneció en la tormenta; me arrancaron de cuajo las entrañas…
Me quedé sola a la intemperie deseosa de recobrar mis sueños.
Voy tras la quimera del arco iris…

Fue en la estación anterior, cuando el otoño recogió mis despojos
y sacudiendo de mí lo inservible, el susurro del viento me hizo suya…
Atrás quedaron penas, lágrimas, impotencia.
El tren pronto saldrá y no se dónde voy, sólo el viento sopla
hacia la quimera del arco iris…

El viaje continúa, el vagón y mis pensamientos van surcando la maciza montaña mágica, el blanco resplandor me estremece, el bosque se roba mis ojos y las humeantes chimeneas insinúan una cálida vida interior.
Permanezco casi helada, el tren no se detiene… me pregunto si allí habría quedado, la quimera de arco iris.

Y sigue su marcha, hacia la estación de primavera; el espacio empequeñece, el calor humano marca el tono de la alegría; aunque todos hablan al mismo tiempo; sobran brazos, gritos y conversación
No entiendo nada; salgo al pasillo, todos apiñados, mi nariz pegada a la ventana, con un vaso de café caliente entre las manos; observo la campiña… la vida renace, dejando atrás la bruma invernal.
Mas… mi corazón no ríe, no ha encontrado aún…
La quimera del arco iris.

Pero, sembrando voy ilusiones…
Y me provoca bajar en la próxima estación…
Que el calor funda hasta mis huesos…

Ya fui macizo de hielo
una hoja seca de otoño
un pequeño brote de esperanza
Que la pasión aflore
que la fuerza surja de mi corazón
Para encontrar pronto
la quimera del arco iris…
Mas, el tren ha perdido el rumbo, no importa en que estación decido bajar…. el vagón permanecerá conmigo.
El arco iris… ya no será una quimera….

“El estará siempre… donde haya tempestad y el sol ilumine”

Estará allí…cuando la tristeza y el desconsuelo se unan a la alegría a la esperanza…. Y aparezca sin dar explicaciones…

efímero, para el que no apacigüe al corazón
efímero, para el ciego de tanto pensar
efímero, para el dormido

“Efímero como mi interior, que no se dejó ver”

Y parto en el próximo tren…entrando a mi tierra mas profunda.


MGP / 1995
(Recital taller Maria Luisa Bascuñán)

Convite

Acongojada de tanta grandeza, allí estoy...
donde cientos de pájaros enloquecidos gritan y cenan de ocasos.
Allí... donde gigantescas y amorfas rocas son testigos del ir y venir de la loca marea,
espiritualizándose del gran sol naranjo e insistente.
Entonces... atrevida me introduzco en medio de la gran cena,
deseosa de quebrantar y vivir.
Y obedezco la voluntad de las últimas huellas del mar.
Y la grandeza me absorbe, haciendome suya... y levito mágicamente...
Y soy parte pájaro, cielo y mar.
MGP/ 1999
(Agradecida de Don Enrique L. y su Paraiso Perdido)

Silencios

No me canso de escuchar
el sonido de tu canto
que en el abismo se desnuda
y me alegra
la melodiosa voz de tu inocencia
entonces callo para siempre
porque tu voz es mi voz.
MGP /1995
(Para el hombre con quién forme una familia)

Sunday, April 23, 2006

Escribo...

Hoy es noche de luna… y escribo.
Escribo porque un día me invitaste a salir contigo.
Para deslizarnos juntas sobre la Tierra que silenciosa dormía.
Y fuiste tú la plateada luna que respiraste en mí.
Y levitamos sobre mi pueblo en vuelo rasante, sobre caminos, montañas y valles, que sonreían mientras tú y yo, jugábamos.
¡Por eso escribo hoy!
Porque es tu noche Luna
Y serás hoy, amante de otra alma.
Por eso…Cuando hoy te encontré al abrir mi ventana, un ojo tuyo se cerró...porque fuiste mi cómplice.
Por eso escribo hoy…
Mañana otra ventana abriré.
Y seré…De mi pluma y mi papely pariré mundos mágicos, burbujas de formas que no conozco, colores que nunca he visto
O me invadirán lunas locas como tú…
Y atrapada entre papeles y lápices, naufragaré contigo… por siempre
¡Poesía!

MGP /1996

Refugio


“Cuando todo parece tener sentido”

Pinté las murallas con colores de serenidad y alegría…
Y mi mano dibujó lunas y soles que me miran desde cualquier parte.
Vestí ventanas de rústico antiguo cáñamo, y por allí entra exuberante el otoño en verdes y amarillos.
¿Qué hago aquí?... me pregunto; en la fragilidad de esta casa ajena, de la que se adueñaron mis manos, mis pensamientos y mi corazón.
“Un castillo de arena”… y me angustia la llegada de la noche, porque el mar no se compadecerá...
Hoy he venido a finalizar mi tarea, subo la escalerilla de fierro, que canta al sentir los tacones de mis botas, me introduzco en la habitación de la izquierda…
Su alto e inclinado techo de madera, hace que me sienta como un pájaro… y me provoca acercarme al ventanal.
Siento vértigo... allí abajo la maleza está mullida, el huerto me mira, los árboles tristes me estiran sus brazos… Hace frío, están desnudos y solos, como yo.Y me gusta sentir el viento helado de esta mañana, que entra por el lado oeste de mi fantasía.
He llegado temprano al refugio de mis sueños, escapando de la realidad, para urdir el sentido de mis pasos. “La marea está subiendo”…
La pared del fondo está lista, tiene el color de la pasión madura y sombría. Me queda pintar el resto con el tono esperanza, que se opaca con el otoño que está muriendo. No encuentro sentido al montón de sillas apiladas en el rincón…
Y mi mente apunta con su dedo hacia el cuadro de Poe… que me mira: es a ilustración de su famoso libro de poemas, la trémula imagen fantasmal de un hombre que abre sus brazos a lo alto, desafiando la espesa bruma… una mujer serenamente se arrima a su pecho…
Y todo cobra sentido. Decido recoger mis pasos; al salir noto que la habitación contigua está cerrada. Sin detenerme, bajo, el taller me abraza cálidamente…
Aquí ya no viene gente a trabajar, quedan solamente atriles y lienzos olvidados. He colgado rápidamente el tapiz inconcluso; “ese del otro cuento”, que ha sido mi fiel compañero; lo desempolvo y lo templo sobre el telar; también abandonado por dos extrañas mujeres, de esas que no calzan en ninguna realidad.
Y ahora, mis manos se ocupan de la lana que tejo entre mis dedos… es de ovejas blancas, grises y cobrizas; a estas les trajo mi corazón mientras dormía, desde una remota vida que perdí.
Miro hacia la puerta cerrada, mientras mi corazón escapa en el atardecer que llora en mi tapiz… Y no queda más que las huellas después de una lluvia. Yo me baño en sus reflejos y el sol naranja brilla en mi pecho, mientras se va urdiendo la vida.

MGP / 1999