Refugio
“Cuando todo parece tener sentido”
Pinté las murallas con colores de serenidad y alegría…
Y mi mano dibujó lunas y soles que me miran desde cualquier parte.
Vestí ventanas de rústico antiguo cáñamo, y por allí entra exuberante el otoño en verdes y amarillos.
¿Qué hago aquí?... me pregunto; en la fragilidad de esta casa ajena, de la que se adueñaron mis manos, mis pensamientos y mi corazón.
“Un castillo de arena”… y me angustia la llegada de la noche, porque el mar no se compadecerá...
Hoy he venido a finalizar mi tarea, subo la escalerilla de fierro, que canta al sentir los tacones de mis botas, me introduzco en la habitación de la izquierda…
Su alto e inclinado techo de madera, hace que me sienta como un pájaro… y me provoca acercarme al ventanal.
Siento vértigo... allí abajo la maleza está mullida, el huerto me mira, los árboles tristes me estiran sus brazos… Hace frío, están desnudos y solos, como yo.Y me gusta sentir el viento helado de esta mañana, que entra por el lado oeste de mi fantasía.
He llegado temprano al refugio de mis sueños, escapando de la realidad, para urdir el sentido de mis pasos. “La marea está subiendo”…
La pared del fondo está lista, tiene el color de la pasión madura y sombría. Me queda pintar el resto con el tono esperanza, que se opaca con el otoño que está muriendo. No encuentro sentido al montón de sillas apiladas en el rincón…
Y mi mente apunta con su dedo hacia el cuadro de Poe… que me mira: es a ilustración de su famoso libro de poemas, la trémula imagen fantasmal de un hombre que abre sus brazos a lo alto, desafiando la espesa bruma… una mujer serenamente se arrima a su pecho…
Y todo cobra sentido. Decido recoger mis pasos; al salir noto que la habitación contigua está cerrada. Sin detenerme, bajo, el taller me abraza cálidamente…
Aquí ya no viene gente a trabajar, quedan solamente atriles y lienzos olvidados. He colgado rápidamente el tapiz inconcluso; “ese del otro cuento”, que ha sido mi fiel compañero; lo desempolvo y lo templo sobre el telar; también abandonado por dos extrañas mujeres, de esas que no calzan en ninguna realidad.
Y ahora, mis manos se ocupan de la lana que tejo entre mis dedos… es de ovejas blancas, grises y cobrizas; a estas les trajo mi corazón mientras dormía, desde una remota vida que perdí.
Miro hacia la puerta cerrada, mientras mi corazón escapa en el atardecer que llora en mi tapiz… Y no queda más que las huellas después de una lluvia. Yo me baño en sus reflejos y el sol naranja brilla en mi pecho, mientras se va urdiendo la vida.
MGP / 1999


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